Pròlogo...

Abro hoy esta nueva ventana a mi mundo, con la ilusión y el convencimiento de estar en el camino. Ese camino no es otro que descifrar el laberinto de pescados, verduras, cocciones, gentes, experiencias y platos que habita en mi cabeza… y como no puede ser de otra manera, llegar a la mayor cantidad de caras con ojos posible y así seguir creciendo y aprendiendo.
Después de estos últimos años de viajes, barcos, aviones y muchas horas de cocina por el mundo, ha llegado la hora de sentarse a procesar toda esa información, ponerle un poquito de orden – sin pasarse – y compartirla con todo aquel que se asome a mi ventana.
Hay algo que he aprendido en este tiempo, y que me gustaría fuera parte importante , no solo de este comienzo, si no de todo el recorrido -que esperemos sea largo- de esta nueva aventura; y es que las miles personas anónimas, esos “animalitos gastronómicos” con manos y pies , gente sin notoriedad, algunos sin nombre, que se distinguen del resto de animalitos por ser capaces de pasar desapercibidos mientras hacen autenticas maravillas o nos dan lecciones magistrales a coste cero, esos grandes de la “comida” y de todo lo que la rodea …, la señora que vende tamales en una placita en Taxco, doña Luz y su “pozole”, aquel vendedor de ajos gigantes que me encontré en medio de la nada en una carretera en Perú,  los compañeros de viaje, la pescadera de Puerto Mont (Chile) con sus meros descomunales y su sonrisa de kilómetros, el viejito de Tahiti que secaba vainilla como el que cuida a un bebe, Tyron y su interminable lista de rincones donde comer pollo frito en Barbados, las vendedoras del mercado de Vero Peso, mi abuela y su cocina de carbón, mi abuelo y sus gallinas, los cientos de ayudantes de cocina y fregaplatos que me han “limpiado el culo” tantas veces, Mina y su cuscus, Giani  y su “escabeche de hongos” robados en los jardines de ricachones en Cariló (Argentina) -que no sabían ni lo que era una seta-,  los parrilleros de la ruta de Mar del plata, las mamas , Ferrán el carnicero, el pescador de tortugas de Trinidad que se fabricaba sus cuchillos con cualquier cosa( todavía lo conservo con un filo endemoniado),Hamid y sus croquetas de bacalao, el tipo que nos traía pescado vivo en bicicleta en Oualidia (Marruecos)… y así podría pasarme horas y horas, y seguro que me olvidaría un ciento… ellos  son los verdaderos GRANDES DE LA COMIDA  y, sin duda alguna, sin ellos no habría ni estrellas michelín, ni chefs estrella, ni cocina molecular … es gracias a ellos que mi pasión por esta profesión ha seguido y sigue creciendo y es por ellos, por esa virtud innata que tienen todos de valorar lo pequeño, de quedarse con lo bueno, de compartir y de ponerle AMOR a lo todo que hacen por lo que me siento en el deber de llevarlos conmigo en este viaje, por que -y de esto estoy seguro- si no los hubiera encontrado en mi camino, hoy probablemente seguiría perdido intentando encontrar sentido a lo que hago. A todos, GRACIAS por seguir ahí.

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Comentarios: 2
  • #1

    Jordi Roch (viernes, 07 marzo 2014 19:22)

    Aloha Pablo, que tenemos muchas ganas de ver nuevos videos... Nos hemos pronto, un abrazo y ojo que te estas haciendo mayor!!!!!

  • #2

    Matias (sábado, 08 marzo 2014 00:22)

    Grande bro!!! Un abrazo grande desde la ciudad de las diagonales y buenas vibras!!!

El que tiene una patata...tiene un tesoro!! Historia y receta del día que cambió mi vida.

Recuerdo con claridad el primer día que me subí a un yate para trabajar como cocinero. Me habían contratado para trabajar de “chef privado” de un acaudalado empresario, que tenía como hobby despedir entre 2 y 3 cocineros por semana. Por lo que me había comentado el capitán, la situación era extremadamente delicada -para el claro- y yo su último cartucho: ” si el Señor (refiriéndose al Gran Jefe) no come bien, el infierno va a parecer un Spa comparado con el verano que nos espera”, y puntualizó ” sobre todo necesito que te incorpores de inmediato como condición indispensable”… Llegué a la marina de Botafoc en Ibiza, con 3 días de retraso y después de haber perdido dos aviones y un barco… Como podéis imaginar no me recibieron con “gaitas y tambores”. No había hecho más que llegar y ya empezaba a cosechar “miraditas asesinas”. Creo, bueno creo no, estoy convencido que ni la barba, el pelo largo, mi inseparable sombrero negro, ni por descontado mi impuntualidad patológica fueron de gran ayuda. Como es de suponer la foto de mi curriculum no me hacía justicia, y mi aspecto era difícil de “maridar” con mi extenso historial gastronómico. En resumen, el capitán se quería matar!!… había gastado su última bala con un “pseudo hippy” que tenía todas las papeletas de haber falseado sus referencias atraído por la suculenta cifra ofrecida por sacarle del marrón en el que estaba navegando.
 “¿ Eres Pablo Albuerne ? ” preguntó, ” si, buenos días, encantado”… tuvo a bien acompañar mi respuesta de una pausa tan larga como desconcertante, seguida de una cara de difícil descripción, otro silencio, y por fin un plano y conciso ” quítate los zapatos, tienes 40 minutos para ducharte, ponerte el uniforme que hay en tu camarote y servir la comida a los Señores y los niños, y respeta las zonas del barco reservadas a la tripulación” antes de desaparecer.
 ¿Niños?, ¿cuántos?… ¿dónde carajo esta mi camarote?, ¿uniforme quiere decir ese polo blanco y esas bermudas “marroncito rancio” que llevas puestas? ¿Qué quieren comer?, ¿puedo ver las caras de la gente para la que quieres que cocine o es una “cita a ciegas”? ¿Te vas y me dejas tirado?…joder, en mi vida me había sentido tan solo!!… ¿el trabajo es de “chef privado” o de “cristiano resignado para un circo romano flotante”?… he de reconocer que estuve a punto de salir por piernas y dejarlo enfangado, pero: 1- estaba sin blanca y 2- me ponen muy cachondo las situaciones límite y los retos.
 Entré en el barco y comencé mi largo historial abordo de “ordenes” incumplidas. Cambie el ridículo uniforme por mi chaquetilla negra, no me duché - obvio, hippy y lo que tú quieras, pero limpio- y me fui directo a asomar la cabeza por la puerta del salón principal en busca de “caras”. Pude ver un hombre de pelo largo y cano, semblante más que serio, con la mirada perdida “devorando” un cigarrillo. Sentada en un comodísimo sofá -en aquel entonces no sabía si lo era, ahora si lo sé;; lo es y mucho, doy fe- enfrascada en la lectura de un “tocho” de considerables dimensiones y bebiendo vino blanco. Por suerte o por desgracia, no vi niños.
 Volví a la cocina, tomé aire, maldije un par de veces y recapacité sobre lo poca información que me había dado el breve vistazo a las caras para las que iba a cocinar.
 El. Esta hasta las pelotas que pasen “chefs” por su cocina con ganas de comerse el mundo a base de grandes creaciones y combinaciones verticales de alimentos en equilibrio. Con el pensamiento y la mirada perdidos en el último huevo frito con patatas “decente” que se había comido, y en la “indecente” cantidad de dinero que se estaba gastando en contratar cocineros que no eran capaces de freír un huevo.
 Ella. Llegados al punto de “mal rollo” generado por el vacío gastronómico en el que estaban, con tal que el levantara el pulgar e indultara al “cristiano” habría sido capaz de comerse un cerebro de mono “in testa” al más puro estilo aborigen.
 Abrí neveras, cajones, congelador… No faltaba absolutamente nada. Todos los tipos de carnes y cortes, variedad interminable de frutas y verduras, lácteos, condimentos, pescados y mariscos muertos hace segundos…. Miles de preparaciones corrían por mi cabeza, “joder esto es Disneylandia!!”… Entre tanta cosa rica y tanta euforia estuve a punto de naufragar antes de tocar el agua, estaba cayendo en la trampa sin darme cuenta!!. Este tío grandullón y serio quiere tomarse un respiro y que le cocinen con cariño, como su mamá!!!… eso si también quiere ver que su mama ha estudiado, trabajado en un 3 estrellas Michelin y conoce al detalle el punto justo de cada uno de los alimentos que caen en sus manos…. Y fue en ese mismo instante, de reflexión y declaración interna de intenciones, en el que descubrí lo que iba a ser mi “salvavidas”. Tenía a mis pies un saco de patatas!!!… unas hermosas Kennebec (la mayoría de la conocida “patata blanca gallega” es de esta clase), bien sucia-como corresponde- y con ese olor a tierra húmeda y campo que me hace recordar a mi abuelo. Estaba salvado, la patata ideal para hacer un buen guiso. Y como compañero perfecto, un “cap roig” (cabracho, escórpora) que con su carne blanca y firme, su sabor delicado y su regusto meloso iban a conseguir que el “Marmitako” nunca más se cocinara con atún.
 Dicho y hecho, me quedan 30 minutos -que se alargarían inevitablemente a 55, marca de la casa- para dibujar el ” Marmitako de Cap roig”.
 En una olla 2 litros de agua la cabeza la cola y las aletas del Amigo “pez”, el verde de 3 cebollas tiernas, los recortes de un pimiento verde, dos ajos aplastados y fuego de inducción a lo que da!!!. A parte, en una magnifica cazuela de hierro fundido: un chorro de oliva virgen, media cayena, 3 ajos aplastados y 3 cebollas en juliana; a fuego generoso, sin pasarse, hasta que esté todo pochadito. El “pez” cortado en trozos del tamaño de una pelota de golf (iba a decir de ping pong, pero ya que estamos en un yate, me pareció mas oportuno el golf) con espina y todo. Salpimentados y a la cazuela 2minutos. Añado las patatas cascadas, como lo haría mamá, para que suelten todo el almidón. Otros dos minutos, y a falta de pimiento choricero, una cucharadita de pimentón ahumado de la Vera y un tomate rallado. Solo me queda añadir el caldo hirviendo ( bendita inducción!! nunca pensé que diría esto!!) con cabeza incluida, y esperar pacientemente mientras salteo una juliana milimétrica de pimiento verde que dará la puntilla de aroma y color a mi primer “round ” a bordo…
 Por suerte, esta vez las caras no mintieron, Él tuvo a su mamá de tres estrellas en la cocina, y Ella no tuvo que comer nada “in testa” para que se calmaran las aguas. El pulgar tomo nuevo rumbo, y el “cristiano” escapo de los leones. Por suerte también, El repitió y Ella siguió sus costumbres, ninguno quiso postre… menos mal, porque esta vez se me habían acabado los disfraces.
 Conclusión, desde aquel momento me quedó más que claro que, el que tiene una patata…TIENE UN TESORO!!!. Otro día os hablo de los niños.

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Como Teo comió de todo... Capitulo1: ¿que comen los niños?

 La respuesta es bien sencilla. Como en todo, los niños -esponjas insaciables y espejitos mágicos de todo lo que los rodea- reproducen al dedillo lo que ven y oyen. Por ende, los niños comen lo que comen sus papas, o mejor dicho lo que están acostumbrados a ver que se come en su entorno. Con una deducción tan chorra como esta lo normal sería no escuchar sandeces del tipo: “los niños no comen pescado,verduras,fruta…”. Los que no comen pescado, verduras etc… son sus padres.
A mi entender, y por mi experiencia con Teo, el único camino hacia un niño omnívoro es la educación alimentaria desde el mismo momento en el que el diablillo se mete entre pecho y espalda algo que no es solo leche. Esto incluye que desde el minuto cero sepa que el verde no es solo un color del arco iris ni el pescado una mascota encerrada en una caja de cristal…vamos, que si los enanos no ven como normal desde SIEMPRE que espinacas, ensalada, pescados, frutas, legumbres etc… son invitados habituales a nuestra mesa, difícilmente vamos a conseguir que los cuenten entre sus amigos. Las memorias olfativa, gustativa y visual de los primeros años de vida van a marcar sus hábitos alimentarios de por vida. Así que, si realmente quieres que tu hijo este bien alimentado, coma de todo y crezca sanotevas a tener que empezar a ponerte las pilas y comer lo que quieres que él coma.
Creo que también es importante, para evitar conflictos y frustraciones, tener en cuenta 2 cosas:
A- si ni siquiera el perro se come lo que cocinas ¿como se lo va a comer el churumbel?- cocina con gusto y cariño- (si no tienes las herramientas no sufras, intentaré darte opciones para que te resulte mas fácil!!) 
B- cada niño es único e irrepetible, no son solo maquinitas de repetición sino personas en miniatura y por tanto tienen su propio criterio. Esto nos lleva de cabeza a tener que entender que no les tiene que gustar “todo” por pelotas -lo que no quita que tendrán que probar para poder decidir si les gusta o no -.
Y en eso, en probar, experimentar y darle la libertad de que vaya formando su paladar y creando su propio mundo de sabores, gustos y por que no disgustos, he basado la educación alimentaria de mi hijo. Y puedo decir orgulloso (de él mas que de mí) que la flauta suena oiga!!. A dia de hoy Teo, con 2 años y medio, lo mismo se come unos caracoles a la “llauna” que una sopa de miso y algas o un chicharro a la espalda… 
Todo comenzó dias despues de nacer Teo. Su abuela materna vino desde Argentina para ser testigo directo del acontecimiento y, como no, para cumplir su funcion de “voz de la experiencia” y “adivina” de los grandes sucesos que viviríamos de ahí en adelante en la crianza del zagal (a coro con sus abuelos paternos). “Habeisaprovechado a dormir bien estos meses?? porque a partir de ahora dormir lo justo!!”, “cuado le salgan los dientes tendrá diarreas y vómitos” ” y tu siendo cocinero, que mal lo vas a pasar cuando no quiera comer”… COMO DICE SEÑORA???. En ese momento saltaron todas las alarmas. La simple idea de pensar que mi hijo podria llegar a convertirse en un “gastroterrorista infantil” de esos que ni comen ni dejan comer me aterraba de tal manera, que empecé a comerme el coco para idear un método infalible capaz de conseguir que la paz gastronómica reinara en mi hogar” por los siglos de los siglos, amén”.
Le di vueltas y mas vueltas, reconozco que hasta me quitó el sueño, y llegué a una conclusión: si quiero que mi hijo no rechace algo tiene que reconocerlo ynormalizarlo. Y asi me puse manos a la obra a intentar conseguir que la cocina fuera fuera algo normal para él.
Al principio no sabía como empezar. Cassettes subliminales?… videos de cocina de fondo??.. Libros de Escofier en lugar de cuentos??… estaba hecho un lío. Fueron pasando las semanas, y cuando mas perdido estaba, bingo! todo surgió de la manera mas natural. 7 de la mañana, el nene toca diana. Era un día lluvioso del mes de Mayo … que hago?? pues hice lo que habría hecho si hubiera estado solo: cocinar. Arroz con leche y fumet - para una posterior fideua que me sabría a gloria-. Me puse el delantal y me encastré al crio en la panza cual mama cangura. Empecé a narrarle con todo detalle cada uno de los pasos a seguir para “imitar” el arroz con leche que hacia su bisabuela.

Al primer hervor dejó de llorar, y en el momento que la canela y la piel de limón inundaron el ambiente, comenzó a roncar como un camionero de 45 años. Antes que el arroz estuviera listo, salió el sol.
  Ese fue el primer contacto real de Teo con la cocina, y estoy casi seguro, que el recuerdo -consciente o no- de ese aroma le acompañará toda su vida, y que muy probablemente, cuando intente “imitar” el arroz con leche de su bisabuela y la canela y el limon abran juego, le invadirá una sensacion de calma, capaz de conseguir el Tibet parezca Ibiza en pleno Agosto.
¿Quereis saber como continua la historia de “Como Teo Comió de todo” ?. Me comprometo a ir contando poco a poco y con detalle como conseguimos, entre los dos, que para él comer fuera una experiencia alucinante.

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Como Teo comió de todo... Capitulo2: descubriendo con los 5 sentidos

Poco a poco, lo que habí­a sido una casualidad, se fue convirtiendo en una rutina: yo cocino y Teo me acompaña.
A riesgo de caer en el topicazo que “para los padres sus hijos hacen cosas alucinantes que jamás otros niños han hecho en la historia de la humanidad”, os contaré algo que aun a día de hoy, me sigue poniendo la piel de gallina.
Siendo un renacuajo como era, y bajo sospecha -por parte de pediatras y doctos en la materia- de tener sus sentidos aun en puertas de llegar a ser algo realmente desarrollado, cada vez que el tío oía el ruido de cacerolas, me veía meter mano a mis cuchillos o sentía el olor del aceite de oliva dorando un ajo, cambiaba su habitual pasotismo o llanto por una excitación que se transformaba en una especie de risa compulsiva - y digo “especie” porque era un “pseudo gritito sonriente” más que una carcajada en toda regla-impropia de un niño de 3 ó 4 meses.                        

El olor del pan en el horno, del queso fundido, del cocido, los guisos o la pasta hirviendo lo calmaban como música que amansa a las fieras. En cambio el de las naranjas mientras se exprimen, el curry, pescado y carne a la plancha o el bizcocho de yogurt -receta de su abuela- le daban ganas de juerga. Solo lo he visto incómodo con el olor de la pimienta blanca que siempre le echo a la crema de puerros y la verdura “recocida” que algún@ intrus@ cocinó varias veces con muy buenas intenciones pero con muy poco acierto (voy a reservarme el derecho de dar nombre “to preserve the family harmony”).
Conclusión, por más que pretendan convencerme que tan chiquitines no ven, oyen a medias y huelen lo justo mi experiencia dice que si los estimulas espabilan que da gusto, y no solo eso, empiezan a expresar gustos y disgustos de una manera alucinante.
Y a estimular se ha dicho!!. A penas cumplió los 4 meses comencé a darle a oler alimentos que para mí son imprescindibles en la cocina. Empecé con el aceite de oliva. Es de mis favoritos. Al acercárselo a la nariz se quedaba muy quieto y cerraba los ojitos como intentando viajar a algún recuerdo, era realmente alucinante. Repetí la experiencia durante 5 o seis días y cumplida la semana se lo hice tocar. Continué haciéndolo 7 días más y al octavo cuando le acerqué el vasito con aceite estiró la mano pidiendo su dosis diaria de tan suave, agradable y fragante invento.
Al aceite le siguieron, ajo, comino, limón, patata, pimentón de la Vera, curry, aceite de sésamo, almejas… y así hasta tropecientos aromas y tactos diferentes. Cada 3 días sumaba uno nuevo. Algunos- los más comunes- se repetían casi a diario, otros aparecían solo de vez en cuando, y era curioso ver la cara que ponía cuando uno de los menos habituales volvía a aparecer. Sabía que no era nuevo! y si le gustaba estiraba la mano de muñeco para “tocar el aroma”.
 No dejes de jugar con tu hij@ a descubrir aromas por pequeñito que sea. El 80% de lo que conocemos como “sabor” es aroma. Hoy sigo jugando con Teo a los olores, aunque he de reconocer que cada día me lo pone más difícil. Son ya muchos los aromas descubiertos pero la ilusión sigue intacta y seguiremos jugando hasta que se nos caigan las narices!!
La próxima semana, “El primer Menú de Teo”.

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  • #1

    Fernando (sábado, 21 septiembre 2013 10:29)

    Esta educación que relatas me parece hermosa (y muy útil además). ¿Continúa en alguna parte? Sé que esta entrada no es nueva, pero igual me dio curiosidad. Un abrazo.

  • #2

    replica shoes (jueves, 10 abril 2014 09:54)

    Great stuff from you. Ive read your stuff before and you just too awesome.

Como Teo comió de todo... Capítulo 3: No sólo de "teta" vive el hombre...

Existen mil y una “normas” acerca de lo que puede y no puede comer un bebé, cuándo y cómo… No creo en niños idénticos y por lo tanto me las he pasado casi todas por el forro. Cada niño es un mundo, y , en mi humilde opinión, vale más la experiencia del día a día, esforzarte en conocer al canijo que todas las normas del universo. También hay que decir que el sentido común es imprescindible. Si la primera papilla se la haces de fabada le caerá como un saco de piedras -¡¡aunque seguro que se la come sin rechistar!!-.

Por deformación profesional, estaba ansioso de poder cocinar para Teo, de verle masticar platos completos, de crear para él un sin fin de suculentas combinaciones de sabores, olores, texturas y colores… A medias con esa impaciencia, tan mía, decidí que ya era el momento, que había llegado la hora de convertir mi amor en creación culinaria para el paladar que más amo. Escogí a conciencia los ingredientes. Arroz del delta. Judías verdes, guisantes, zanahoria y menta de mi huerto. Un lomo de conejo criado en casa a base de amor, verdura y grano -no en la mía, con la que tengo liada sólo me quedaba meter conejos al zoo…-. Laurel y unas almendras regalo del vecino. Por último y no menos importante, un aceite de oliva virgen cordobés de producción artesana que emocionaría al más terrible de los súbditos de Atila.

La noche antes del gran día dejé el lomo de conejo, el laurel picado, un ajo en cuarto y un chorro de aceite “bárbaro” durmiendo juntos en un bowl, me fui zumbando a la cama nervioso como nene que espera que lleguen los reyes y dediqué mi último pensamiento consciente a imaginar el éxito de tan importante acontecimiento. Me sobraron horas de descanso. A las 7:30 salté de la cama, y con cuidado de no despertar al homenajeado y mi contraria, comencé con el ritual.

¡¡Joder que presión!!. Esta vez no había estrellas michelinadas, millonarios “devora-cocineros”, críticos gastronómicos ni jurados obtusos de por medio; pero estaba cagado por las patas como nunca lo había estado antes.

En una olla a fuego fuerte todos los amantes del bowl juntos y una zanahoria “baby” entera con sus hojas bien tiesas -para el que no lo sepa, las hojas aportan un sabor más intenso a los caldos, y bien frescas, las partes más tiernas son una delicia en ensalada, pero esto es otra música, sigamos con este “temazo”-. Cuando la carne comienza a dorarse, cuatro de tazas de agua y fuego lento, pero seguro. Mientras espero que el milagro del caldo tome forma, machaco en un mortero 2 almendras crudas, con un chorrito de “oro” y 2 hojas de menta. ¡La casa entera huele a victoria! Corto las judías con tiralíneas, finas como agujas, y comienzo a desgranar los guisantes. Auténticas perlas verdes de piel sedosa casi inapreciable, un caviar vegetal soberbio. Escojo los más tiernos, poco más grandes que una lenteja…es alucinante sentir como explotan en la boca cuando los muerdes, dulces y suaves, viciosos al máximo. Inevitablemente esto plantea un mar de dudas… ¿Cómo hace el Sr Findus para que todos sus “guisantes” sean exactamente iguales y de una redondez empalagosa? o mejor dicho ¿cómo hace el Sr Findus para que le dejen vender eso bajo el nombre de guisante?…Otra vez me voy por las ramas, sigamos con el gran día.

Después de 3/4 de hora el caldo milagroso ya está listo. Ni siquiera son las 9 y la misenplace es de libro. No me queda otra que esperar.

 

 

Ya son las doce, Teo comienza a pedir lo suyo y hablo con Mamá para que corte el grifo. Él la persigue como loco con un grito enfadado -en el idioma de los niños imagino que querría decir algo así como: ” dejaros de historias… ¿dónde está mi teta?”-. ¡Comienza el servicio! Cazuela de cobre al palo -vamos, a fuego infernal- una cucharada de aceite, una tacita de arroz y un invitado sorpresa que he podido recoger del huerto a la mañana: la primera cebolla tierna cortada en brunoise milimétrica. Un minuto después, justo en el momento en que arroz y cebolla se visten de dorado, 5 partes de caldo hirviendo… ¡¡Me resulta imposible levantar la vista de la cazuela, quiero que esté listo ya!!… Sin dejar de mirar ni remover pasan los primeros 25 minutos, el caldo rubio como Teo ha reducido a la mitad y la sangre del arroz lo ha vuelto suave como el culo de un bebé… el aroma: indescriptible. Llega el ansiado final, la judía dentro, medio minuto más y apago el fuego. Mamá putea, Teo putea…y Papá suda. “¡¡Le das algo rápido o me arranca la ropa!!…el pendejo  está famélico “Paul Bocusse”!!!”. Entran las almendras y la menta, los guisantes y, acto seguido, la demoledora túrmix… El rubio se convierte en verde suave y la menta refresca el aroma… El olfato, la vista y mi intuición me dicen “ya es la hora amigo”. No lo pruebo, me sobra fe y me falta tiempo. Si no me apuro lo que hace media hora eran mi bella compañera y mi adorable bebé iban a mutar en “Chuky” y la versión femenina de “Freddy Krueguer”. Lo paso a un plato de loza -odio el plástico…- la textura al caer es bestial, la temperatura perfecta. Me acerco a la trona donde desespera “Chuky”. “Que grande lo que va a suceder acá” que diría Casciari, pensé…

La primera en la frente para los malos pensamientos. No sólo no lo quiso ni probar, si no que la mutación diabólica se hizo realidad. No quería “grandes platos”, ajustarse a mi guión, no quería saber nada de mis ínfulas de gran chef y padre autodidacta. Quería su teta y punto.

 Ese día me tuve que comer tres cosas:

 - La crema que con tanto cariño había creado para el zagal, que por cierto es de las cosas más delicadas que esta boca ha tenido el gusto -en este caso agridulce- de probar.

 - La consiguiente bronca de Mamá por jugar a “chefs” cuando no tocaba -esta duró más de un día-.

 - Y lo que es más importante, creer que sería yo el que tomara la decisión de cuando Teo empezaría a comer de todo. 

Moraleja, quise poner día y hora a una comida sin tener en cuenta la disponibilidad del invitado estrella, y como no podía ser de otra manera, me salió el tiro por la culata. La impaciencia me pudo.

Ese día llegó - más pronto que tarde- justo en el momento que a Teo le pareció y no cuando a mi me dio la gana.

 

Aquí tenéis ciertas pautas que me fueron muy útiles para descifrar el momento de Teo. Próxima aventura… "Por fin llegó el día, Teo come".